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martes, 21 de octubre de 2008

Los Blazers respiran aliviados


Esta noche se ha disputado un partido de pretemporada entre Portland Trail Blazers y Sacramento Kings - con buena actuación española, por cierto - pero el verdadero partido de Portland en la noche de ayer se jugaba en los despachos. La franquicia de Oregon estaba pendiente de la posible incorporación de Darius Miles al roster final de los Boston Celtics.

Como quiera que Miles fue cortado el año pasado por los Blazers, una posible firma del alero por alguna otra franquicia para este año - en el que habría seguido teniendo contracto en vigor con los Blazers - implicaría un recorte sustancial del margen de maniobra salarial del equipo de McMillan para los próximos años en pro de contratar agentes libres o renovar expirings. Más concretamente, la disputa de al menos 10 partidos de liga regular - de los que no habría que contar los 10 partidos de suspensión que Miles tenía acumulados por consumo de sustancias prohibidas - supondría la carga de los 13 kilos que Darius tenía firmados en el salary cap. Más o menos, una putada indirecta.

A estas alturas no se sabe si habrá pesado más la poca predisposición de Boston a finalizar la contratación por necesidades deportivas o también salariales - recordemos que los Celtics superan con creces los límites establecidos por la NBA y tienen que pagar impuestos por el exceso - pero lo cierto es que la apuesta por una renovación de la plantilla forma parte del comienzo del cambio generacional de los vigentes campeones.

Esta renovación pasa por las manos de gente como Leon Powe, Patrick O'Bryant, Bill Walker y Gabe Pruitt. Powe ya demostró el año pasado en las Finales de la NBA que puede ser una piedra en el camino de cualquier rival. Jugador rocoso, luchador incansable, consciente de sus limitaciones pero también de sus virtudes. Para lo que podía ofrecer un mermado Darius Miles, Powe puede sobrarse.

Otro de los miembros de la retaguardia céltica es Bill Walker. Díscolo y sospechoso habitual. Este antiguo compañero de instituto de OJ Mayo, que en principio contaba con pocas esperanzas de hacerse con un hueco en el roster final, se está ganando con buen rendimiento la confianza de Doc Rivers. Jugaría pocos minutos, pero con entrega al equipo y no buscando sus propios intereses.

Patrick O'Bryant lleva ya algunos años en liga, concretamente en los Warriors, pero no ha justificado en absoluto el puesto de draft en el que fue elegido. La segunda oportunidad le llega en los Celtics, un equipo que aspira a todo, pero que por consiguiente tampoco le garantizará minutos de sobra para demostrar su potencial. Eso sí, la retirada de PJ Brown le abre las puertas de un puñado más de minutos en pista. Plan renove.

Y si Sam Cassell ocupará el puesto prometido en la organización de los Celtics, Gabe Pruitt se postula como el sucesor de Cassellmanía. No tiene - ni se espera que tenga - el potencial y la relevancia de los demás casos, pero como dijo alguien una vez "lo único que no se puede aprender en el baloncesto es la altura", y Pruitt tiene una planta tremenda para jugar de base. Paciencia, que la madre de la ciencia.

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