
Leyendo la prensa de hoy, me llama la atención el traspaso de Quentin Richardson por enésima vez este verano, con destino a Minneapolis. Como varios medios de comunicación se me han anticipado a la hora de plantear la cuestión del valor de un contrato como mero producto de intercambio, por obra y gracia de los topes salariales y de la política de austeridad económica emergente en la NBA - a cuento del cuarto traspaso de Q-Rich este verano - me gustaría ahondar en el asunto de la vanalización de los jugadores de fondo de armario, aquellos cuyo único motivo de estancia en un roster es, simplemente, el de haber formado parte de un traspaso en el cual ellos ni pinchaban ni cortaban, eran valores de cuadratura económica. Como ya sabéis, existen medidas de seguridad financiera para no cometer traspasos fraudulentos que decanten la balanza en favor de los intereses de una franquicia. El modelo NBA sería altamente sensible a este tipo de chanchullos si no se tomaran este tipo de medidas.
Enumerar toda la serie de excepciones comerciales no es motivo del artículo. Si estáis interesados, visitad el siguiente
link y armaos de paciencia.
De lo que sí me gustaría hablar es de ese espécimen de jugador que viaja de una franquicia a otra formando parte exclusivamente de traspasos de otro colegas de profesión mucho más reconocidos que ellos mismos, los cuadradores de traspasos. Seguro que los nombres de Mark Madsen, Brian Cardinal o Javaris Crittenton os suenan más por haber pertenecidos a varios traspasos antes que por motivos deportivos:
-Oye, y este Madsen ¿no consiguió el anillo con los Lakers del
Three-Peat?
-Efectivamente.
-Pero no jugaba mucho, ¿no?
-Cierto.
-¿Y dónde ha jugado luego?
-Ha sido un
cuadrador de traspasos.
-Vaya... No sería un dechado de virtudes jugando, pero podía haberse dejado ver más en las canchas. Además, decían que era una buena influencia para el vestuario.
-Yo creo que con 33 tacos que tiene, no creo que vaya a emerger ahora como una solución a los problemas de su equipo.
-Pues también es verdad.
Obviamente, dentro de esta especie de cuadradores se encuentra otra subespecie, la de los cuadradores-expiring, que son objeto de deseo simplemente porque finalizan contratos el presente año y liberan un buen pellizco salarial. Y con los tiempos que corren no está el asunto para donar dólares gratuitamente.
Además de los expirings, también están los JASD, jóvenes aunque sobradamente desahuciados, aquellos que cuando fueron drafteados aspiraban al menos a ser buenos jugadores de equipo, pero no han cubierto ni la mitad del potencial que se les presuponía. Son pocos los que sacan la cabeza desde el desahucio. Este último año, Phil Jackson ha sido partícipe de la recuperación de Shannon Brown como colaborador habitual de Los Angeles Lakers, sobre todo desde los playoffs. Después de haber agitado toallas en Cleveland, Chicago y Charlotte, parece que ha comenzado a destapar el frasco de su potencial en Los Angeles. Otras recuperaciones para la causa muy sonadas - pero no de este año - fueron Ben Wallace o Ronald "Flip" Murray, de los que seguro conocéis sus historias.

Pero de todas las subespecies, la que más llama la atención es la del CTM, o cuadrador del toco-mocho. ¿Necesita descripción? Casi que no, pero por si acaso la doy. Sin duda, es aquel cuadrador al que en su día le firmaron un contrato claramente sobrevalorado, aquel del que no tienes ni idea de lo que se le pasaba por la cabeza al susodicho General Manager como para pagarle el pastizal en cuestión, y que ahora se lo tiene que comer con patatas, o... timar con otro toco-mocho a otro GM pardillo. Brian Cardinal o Darko Milicic son consejeros delegados del club del CTM, por supuesto. Debido a mi limitación de la perspectiva histórico-económica de la NBA no sabría decir muchos miembros del club del CTM de mi adolescencia, pero si hay un jugador archiconocido por su facilidad para ingresar en el selecto club es Jim "Fondos de Inversión" McIlvaine. Andrés Montes hizo famoso al jugador por su mote antes que por su forma de jugar. Era grande, muy grande, ¿pero había algo más? Nunca lo sabremos.
Si conocéis más subespecies, no dudéis en comentarlas.