... de convertirse en el peor equipo de la historia de la NBA. Con la victoria de ayer frente a San Antonio Spurs - menudo rival para acometer la "gesta" - se colocan con 10, frente a las 9 que tenían los Philadelphia 76ers de la temporada 72-73.
Dicen que al mal tiempo, buena cara, y en New Jersey deben estar aplicándose el cuento porque han celebrado esta décima victoria de la temporada por todo lo alto. Más que por este dato, si yo fuese Prokhorov estaría más entusiasmo por poder construir un equipo alrededor de unas cuentas saneadas y un grupo jugadores jóvenes, con potencial y sobre todo con salida. Dividir por 3 prácticamente el total de salarios para el año que viene no es moco de pavo, sobre todo con el verano que nos espera.
Hoy por hoy hay una cosa clara: la reconstrucción debe forjarse entorno a Brook Lopez. El gemelísimo demostra las cualidades que se le requieren a un center titular, y tiene aún margen de mejora. Después de él, Devin Harris es un base algo sobrepagado, pero sabe anotar - me quedan dudas con su dirección de juego - junto con Terrance Williams, Courtney Lee y Chris Douglas Roberts son decentes jugadores de rotación. Del chino tengo más dudas. Demasiados huecos por cubrir, demasiado trabajo por realizar. El adjetivo mesiánico se le puede quedar corto a Prokhorov, aunque ellos lo tienen claro: The Russian is coming.
Las continuas lesiones de media-larga duración han forzado a los Warriors a firmar a un nuevo jugador que excede de la lista de 15 miembros de plantilla, bajo la aprobación de la NBA. Reggie Williams, procedente de los Siouxs Falls Skyforce de la D-League, recibe pues una call-up del equipo de Nelson, posiblemente, la franquicia que más y mejor utiliza este tipo de recurso. Sus números en Sioux Falls eran hasta ahora de 26.4 puntos, 5.5 rebotes y 3.2 asistencias, aunque ya se sabe que estos guarismos hay que ponerlos en cuarentena. En principio serán sólo 10 días; sin embargo, si se gana la confianza del técnico...
En la actual plantilla de los Warriors hay muchos jugadores que han pasado por la liga de desarrollo, como Azubuike, Morrow, Hunter o Tolliver. Unos recién llegados, otros con cierta experiencia. Nelson es especialista en la captación de esos talentos y promocionarles hasta convertirles en jugadores aptos o incluso buenas piezas para la NBA. Así ocurrió con Buike, y sobre todo, así ocurrió con Morrow.
No he visto a Reggie Williams ni un solo minuto seguido (por ahora), únicamente sus highlights de D-League; pero con los buenos porcentajes que atesora, y con el ojo clínico del abuelo Don, no me extrañaría que en pocos encuentros ya se empiece a hablar como un nuevo descubrimiento, del enésimo tapado, del hijo de Morrow y del nieto de Nelson. Por lo pronto, Reggie apunta maneras: 10 puntos, 5 asistencias y 5 rebotes con buenos porcenjates, en 20 minutos de juego. Si consigue el contrato hasta final de campaña, ¿alguien duda que Reggie Williams conseguirá 30 puntos en algún partido hasta entonces?
Estuvieron listos los Wizards. Sabían lo que tenían entre manos. Los traspasos de Jamison y Haywood a cambio de relativamente poco llamaron la atención del "gran público". En su día se habló de regalo, de falta de visión y de nula coherencia deportiva. Pues vaya, lo que pocos podían esperar era que en el fondo de armario de Flip "Cortefiel" Saunders en los Wizards explotara de la manera que lo ha hecho: en silencio y con talento.
Me acuerdo de un artículo de Mr. Naismooth, en el que narraba que se "había enamorado" de un jugador (con todas las comillas posibles, claro). Se trataba de Mirza Begic y sus 2.20 de velocidad, talento y coordinación. Lógico. Especímenes de esas condiciones no se ven todos los días. Manifiesto, pues, que a mí me ha pasado lo mismo con Andray Blatche, alapívot de los Wizards. Un 2.11 que juega como un alero, que rebotea como un pívot, y que demuestra un abanico de posibilidades en ataque muy por encima de lo que decían sus números hasta ahora. Sus movimientos de pies evolucionan día a día, mucho mejores que los del ínclito pívot disfrazado de superhéroe de comic. Hasta el punto en que creo que en Washington piensan que "menos mal que han conseguido traspasar a Jamison". No, no son el mismo perfil de jugador, ya lo sé, y que a Blatche le faltará la cocción típica de un tipo de 23 años. Pero joder, ¡menos mal que le están dando minutos!
A los hechos me remito:
No acapara portadas, no pone caruzas cuando anota, y por su bien, no me suena que sea un acérrimo de las armas. A tocar madera se ha dicho.
Entender la vorágine de traspasos de última hora que se sucedieron antes del trade deadline sólo tendría sentido si se antepone en la historia el famoso verano del 2010, en el que quedarán en la agencia libre nombres como LeBron James, Chris Bosh, Dwyane Wade o Joe Johnson. Cualquier extrapolación temporal de hechos resultaría caótica e inútil, un sistema de ecuaciones/comecocos con demasiadas variables para tan pocos genios.
Hasta este punto diferencio a 3 tipos de franquicias: los que han apuntalado su plantilla ahora, a los que les urge fichar a cualquiera de estos nombres en verano, y los que no tienen esperanzas ningunas en contratar a ninguno de ellos para tal fecha. Así de simple, y así de complicado, porque el lío de contratos expirings, con team option, player option y demás variables, es monumental.
Por poner un ejemplo de cada:
Cleveland Cavaliers: Jamison cubre la posición de 4 anotador y fiable (aunque anoche no diera buena cuenta de ello). Conforma un juego interior temible, con Shaq, el propio Jamison, Varejao, Hickson, y la presumible aportación de un Ilgauskas, que sólo firmaría por los Cavs si pacta el buyout con los Wizards (muy probable, por otra parte). Todo tipo de variantes. ¿Se puede rodear mejor a LeBron? Posiblemente con lo que estaba en el mercado, no. Traduzco: si James finalmente decide hacer las maletas rumbo a otros mercados, deja a los Cavs compuestos y sin estrella. Putadón, de acuerdo, pero ellos no podían haber hecho mucho más.
New York Knicks: hipoteca lo que queda de temporada al verano que viene. Pasa de tener un presupuesto en salarios de 84 millones de dólares a otro de 7 (sin opciones). Jugada maestra de Donnie Walsh, sí y sólo si consigue el objetivo marcado. Target one: LeBron. Target two: Wade. Target three: Bosh. Y sus posibles combinaciones, porque con esa manga ancha se podrían hacer maravillas. Mientras tanto, D'Antoni hará el paripé con McGrady, que ya ha dicho que le gustaría renovar con los Knicks, sin haber debutado y todo (no quiere perder el tren), con el expiring de Lee, y con Sergio Rodríguez. Curioso el movimiento del canario. Puede pasar de ser suplentísimo en los Kings a titularísimo en los Knicks, y si lo hace bien, firmar una renovación por una franquicia saneada y con un futuro prometedor. Del infierno al cielo en 0.3.
Sacramento Kings: no desvelo nada nuevo si digo que soy de los Kings. Pues bien, haciendo gala de los más deslumbrantes juegos malabares, nuestro "querido" General Manager ha realizado la jugada maestra si cobrara de otra franquicia que no fuera la californiana. Algo así como un tocomocho visto y no visto. Pasar de tener un titular pretendido por media liga a un suplente (contrastado, eso sí) es como poner al zorro como guarda del gallinero. Que sí, que tenemos más margen salarial... ¿para qué? ¿acaso optaríamos a fichar a alguno de los agentes libres del famoso verano? Suspenso y para septiembre, a la espera de la recuperación (si es que via draft no conseguimos algún chollo). Y a todo esto, Evans tiene todas las papeletas para seguir siendo el base del equipo. Es como si un piloto de F1 condujera el taxi. No hay más ciego que el que no quiere ver.
Mención especial a Daryl Morey, General Manager de los Rockets, que ha realizado un maniobra ejemplar para su proyecto. Sustituye a un McGrady marginado por un Kevin Martin que aportará desde el inicio, a un Landry suplente por dos jugadores de equipo, y encima se lleva un pick del draft del 2012 (protegido, eso sí). ¿Lógico? Pues sí. A sabiendas que no aspira a conseguir (ni creo que pretenda) a alguno de los TOPs de los que hablé antes, ha tratado de apuntalar los puestos necesarios, confiando en que Adelman haga el resto. Dicen que trató de pujar por Stoudemire hasta el último momento (yo no me lo creo) ofreciendo a Scola, Battier y alguien más. Craso error. Por su bien, mantienen la estructura, disminuyen costes salariales, a la espera de la recuperación del chino (que nadie se olvide de él).
Mientras tanto, a esperar a que llegue el verano. Satriani, tú sí que sabías lo que iba a pasar, y te anticipaste a todos...
Ése es el mejor resumen para Brian Butch, un pívot que acapara loas en la "segunda división" americana, y que durante su fugaz periplo en España no causó esa impresión definitiva que le permitiera hacerse un hueco en el Villa de Los Barrios de la LEB Oro. Sí, es cierto que el Villa ha desaparecido, que la economía no les permitía grandes dispendios, y por eso probablemente no le firmaron el verano pasado (cosa que sí hicieron con el pívot Marcus Campbell, por ejemplo, y eso que venía con mayor caché), así que da rabia que no se pudiera disfrutar en Los Barrios, en LEB Oro y en España de un pívot que a lo mejor se habría convertido en referencia en la categoría.
Ahora me acuerdo de otros casos de americanos que se forjaron un nombre en LEB Oro, como Josh Asselin o Brian Cusworth, y que demostraron tener un hueco en categorías superiores.
Os dejo el vídeo resumen del All Star de la D-League:
Partido de liga regular en las universidades de Duke y Georgetown. Parece que no le va a faltar trabajo a Obama dentro de unos años cuando abandone la política, cosa que no podría decir, por ejemplo, si estuviera aquí en España (me muerdo la lengua, que no me quiero meter en camisas de once varas...)
Y sólo 7 décimas de emoción. Lo que duró el vuelo del triple lanzado por Rafa Martínez, que a la postre significó la victoria del Power Electronics Valencia frente al Regal Barcelona. Se rompe así una racha de 25 victorias consecutivas de los culés... ¡pero a qué precio! Partido horrible, tedioso y malo. Hasta Maljkovic se habría dormido. Una cosa es potenciar las defensas, y otras... lo que quiera que se llame lo de esta tarde. Por favor, dejen al Limoges en su casa.
Mañana despertaré con ánimos renovados, pero hoy me llevo el disgusto. Y no por la derrota del Barça. ¿Análisis? Se lo dejaré al que no se haya dormido...
Creo que he comentado alguna vez que mi segundo equipo siempre habían sido los Hawks de Atlanta. No habría tenido ninguna motivación para que lo fueran de no ser por la figura clave en su irrupción en la década dorada de la NBA, por alguien que cambió la fisionomía de un equipo y una ciudad, por el dorsal 21 de los Hawks: Dominique Wilkins.
Jacques Dominique Wilkins nació tal día como hoy hace 50 años en la capital francesa. Alero de 2'02 y de una exuberancia atlética abrumadora, fue la cara visible de unos Hawks de los 80 y principios de los 90 que habían deambulado durante la década anterior por la liga sin pena ni gloria. Su padre era miembro de la US Air Force y fue enviado a París, destino de otros tantos miembros del ejército americano en aquella época. Allí nacería Dominique. Pronto volvieron a su país de origen, instalándose en Washington, Carolina del Norte. Sus habilidades en el deporte de la canasta llamaron la atención de todo hijo de vecino, y consiguió entrar en 1979 en la Universidad de Georgia. Su paso triunfal por la NCAA le valió el premio SEC Men's Basketball como Jugador del Año dos años más tarde.
Después de su elección como número 3 de 1982, y en uno de los traspasos más erráticos de la historia de la NBA, Dominique fue enviado de Utah a Atlanta a cambio de John Drew - que ostenta el dudoso honor de haber sido el primer jugador expulsado de la NBA por asuntos de drogas -, Freeman Williams y dinero. Imaginad la pareja que podía haber hecho en Utah con Adrian Dantley y el propio Dominique con aquellos Jazz...
Su llegada a Atlanta provocó un impacto inmediato. Sólo en su año rookie dejó de ser el máximo anotador de su equipo - Dan Roundfield le quitó dicho honor en la 82-83 - y no bajó de los 20 puntos por partido en ninguna de las 11 campañas posteriores, hasta su firma con los Celtics en la temporada 94-95, ya con 34 años. El trampolín definitivo para la consagración de Dominique Wilkins entre la pléyade de este deporte llegó en 1985 cuando se llevó el extraordinario concurso de mates de ese All Star, imponíendose a gente como Michael Jordan, Julius Erving, Larry Nance o Clyde Drexler.
Un año más tarde emergió como máximo anotador de la liga promediando 30'3 puntos y aupando a los Hawks hasta las 50 victorias. Pero los Celtics de Bird y compañía se cruzaron en semis de Conferencia y les derrotaron por 4-1. Eran los tiempos del tridente mágico: Doc Rivers, Kevin Willis y el propio Dominique Wilkins. La temporada siguiente los Hawks consiguieron su tope de victorias hasta la fecha desde que el traslado a la ciudad de Atlanta, 57 victorias, con The Human Hightlight Film rozando la treintena de puntos por partido. Pero fueron los Pistons los que se vencieron a la franquicia de Georgia en semis, también por un 4-1. Ya en la 87-88, Wilkins conseguía su tope histórico de anotación en una temporada con 30'7 puntos, sólo detrás de los escandalosos 35'0 de His Airness. Además, Jordan le arrebataba también el título de campeón del concurso de mates en una final con decisiones polémicas, dado que el All Star ese año se celebraba en Chicago.
El equipo de Mike Fratello volvía a caer frente a los Celtics en unas semis igualadísimas, que se resolvieron en 7 partidos, con unos Wilkins y Bird extraordinarios, y con un último marcador de 118-116. Wilkins acababa el partido con 47 puntos, y Bird con 34, 20 de ellos en el último cuarto. En palabras del propio Wilkins: "The basket was like a well. I couldn’t miss. He couldn’t miss. And it went down to the last shot of the game. Who was going to make the last shot? That's the greatest game I’ve ever played in or seen played. It was two guys who just did not want to lose." Historia viva de la NBA.
Durante los años siguientes la producción de Wilkins descendió ligeramente, pero siempre por encima de los 25 puntos de media. En la 88-89, Nique recibía la inestimable ayuda de los veteranos Moses Malone y Reggie Theus, de 33 y 31 años respectivamente. Ambos completaron una temporada muy buena, con 52 victorias en liga regular, pero los Bucks de Sidney Moncrief, Jack Sikma, Ricky Pierce, Terry Cummings y Paul Pressey fueron una losa demasiado pesada (3-2 en primera ronda).
Volvieron a playoffs en la 90-91, siendo derrotados por los Pistons post back-to-back. Esa temporada mostraría su tope reboteador de su carrera, con 9 rechaces de media. La 91-92 estuvo marcada por una grave lesión producida el 28 de enero. Diagnóstico: rotura de tendón de Aquiles. Muchos empezaron a pensar que su carrera estaba acabada, que ya no tendría las mismas cualidades atléticas, y por ende, que su juego se resentiría demasiado. Por aquel entonces ya había batido la mítica cifra de 20000 puntos anotados, convirtiéndose en el 16º de la historia - hasta ese momento - en conseguirlo. Las dudas sobre su vuelta quedaron disipadas cuando la temporada siguiente logró promediar 29'9 puntos, con un 38% desde el perímetro - que nunca fue su fuerte - sin rastro de la tremenda lesión. Además tuvo que parar durante 11 partidos esa misma temporada por culpa de una lesión en el dedo, pero volvió en plena forma.
El curso siguiente quedó marcado por su traspaso a Los Angeles Clippers a mitad de campaña junto con Greg Minor a cambio del talentoso pero frágil Danny Manning. El 25 de marzo volvía a Atlanta con su actual equipo, y les endosó 36 puntos y 10 rebotes, en una clara demostración del crucial error que habían cometido sus anteriores dirigentes. Además, se alzó con el oro en el verano del 94 en el Mundial de Canadá.
Al finalizar su periplo en Los Angeles, vistió por una temporada la camiseta de los Celtics junto con Dino Radja, Sherman Douglas y Dee Brown. Volvió a ser el máximo anotador de su equipo, pero ya bajó sus promedios hasta los 17'7 puntos, y además siendo eliminados en primera ronda de playoffs por unos Orlando Magic liderados por Shaquille O'Neal y Penny Hardaway.
Explorando nuevas posibilidades, Dominique firmó por un año con el Panathinaikos griego, consiguiendo la Euroliga de 1996 - de infausto recuerdo para los seguidores culés - y la Copa de Grecia, siendo elegido MVP en ambas competiciones. Posteriormente retornó a la NBA a la disciplina de los Spurs de San Antonio. Ya con 37 años, siguió liderando en anotación a la franquicia tejana con 18'2 tantos, por encima de David Robinson y Sean Elliot, pero los playoffs quedaban demasiado lejos (sólo 20 victorias, gracias a las cuales San Antonio se hizo con el número 1 del siguiente draft, un tal Tim Duncan).
La temporada 97-98 la disputaba en Italia, en la Teamsystem de Bolonia. Con 38 años, y con la esperanza de jugar al lado de su hermano Gerald, firmó por Orlando Magic, donde sólo le alcanzó para disfrutar 27 encuentros, para medias de 5 puntos y 2'6 rebotes, dando así por terminada su carrera deportiva.
Cierto es que los Hawks no consiguieron pasar nunca de semis de Conferencia, pero en el ambiente sobrevolaba la certeza de que Dominique era ese jugador tan superlativo, al que un equipo más talentoso le habría ayudado a alcanzar como mínimo las finales de la NBA. Un jugador especial, carismático bajo un aura flemática imponente, y una bendición para el espectáculo. Sus mates a dos manos, su forma de arquear las piernas, su descomunal instinto killer,... serán recordados siempre. Atlanta se había convertido en una equipo atractivo para el público, que anotaba más de 110 puntos por partido - desde la 86-87 hasta la 90-91 mantuvieron ese ritmo de anotación - pero que se topaba en duelos míticos con unos todopoderosos Celtics o Pistons. Ni que decir tiene que su número 21 está colgado del Philips Arena de Atlanta.
Su currículum es espectacular:
- Miembro del All-Rookie Team en 1983 - 2 veces campeón del concurso de mates de la NBA (1985 y 1990) - 9 veces All-Star (1986 a 1994) - Máximo anotador en la campaña 1986 - 1 vez incluído en el mejor quinteto de la liga - 4 veces incluído en el segundo quinteto de la liga - 2 veces incluído en el tercer quinteto de la liga - Medalla de oro en el Mundial FIBA de Canadá 1994 - Campeón de Copa de Grecia 1996 - MVP de Copa de Grecia 1996 - Campeón de la Euroliga 1996 - MVP de la Final Four de la Euroliga 1996 - Miembro del Salón de la Fama de la NBA desde 2006. - Décimo anotador de la historia de la NBA.
Os dejo el documental que le hizo la FOX en la colección de deportistas famosos "Beyond the glory". Merece la pena:
Lo reconozco: Nate Robinson es un jugador que me produce una antipatía como pocos. Cabecilla de la nueva ola de jugadores-gimnastas-showmen, de aquellos que proclaman el ego sobre el nos, de aquellos que miran a la cámara antes que a sus compañeros o al rival, aquellos que son capaces de tirar contra su propia canasta aun a riesgo de anotar en contra,... sólo que con el atenuante de venir como los buenos perfumes, en frascos pequeños. Somos mayorcitos, y vamos teniendo nuestras preferencias, ¿para que obviarlo?
Interpreté la decisión de D'Antoni de apartarle durante un tiempo como una oda al colectivo, y un toque de atención ante cualquier falta de concentración. "Chicos, aquí no hay nadie imprescindible, pero todos somos importantes". No lo ha dijo con esas palabras, pero el curso de los hechos habló por sí solo. ¿Castigo útil? Veremos con el paso de los días.
Llega el día de la recuperación de Nate para la causa. Efectivos haylos, aunque Atlanta es un rival demasiado fuerte como para permitirse el lujo de prescindir otra vez del diminuto jugador. Resulta que, así como así, Nate anota 41 puntos, siendo decisivo para la victoria de New York sobre los Hawks. Y yo que me alegro, sí y sólo si esto supone una redención de Robinson (lástima que haya sido frente a Atlanta). está por ver que Robinson vuelva a ser su factor X, pero menos da una piedra. Quizá sea, quien sabe, una maniobra para colgar sobre el jugador el cartel de "se vende chollo".
A este ritmo creo que voy a tener que crear un blog aparte para recordar los momentos más destacados de la historia del baloncesto. La página oficial de la NBA obsequia regularmente imágenes Gran Reserva con denominación de origen de Aquellos Maravillosos Años. ¿Mérito? Relativo, ellos tienen las imágenes, y ellos pueden ofrecerlas cuando les dé la gana. Este documento, sin ser un resumen del partido, recoge momentos y declaraciones de los protagonistas del primer duelo NBA que cambió el rumbo de este deporte a partir de la década prodigiosa de los 80. 30 años se cumplen hoy de tan señalada fecha.
Espero que lo disfrutéis (y que NBA.com nos siga dando vídeos a cuentagotas):
Eso sí, seguimos sin tener boxscores de partidos previos al 86. Si alguien ha descubierto algún link, que lo diga a la voz de... ¡YA! Esto es lo único que puedo ofreceros.
28 de Noviembre de 1981. Encuentro televisado entre North Carolina Tar Heels y Kansas Jayhawks de la NCAA. Los Heels juegan en casa, pero fuera de Chapel Hill, según la documentación de la época. Quinteto inicial de Kansas: David Magley, Jeff Dishman, Kelly Knight, Tony Guy y Lance Hill. Quinteto inicial de UNC: James Worthy, Matt Doherty, Sam Perkins, Mike Jordan (anunciado así) y Jimmy Black.
Y ocurre esto:
James Worthy es el líder indiscutible de estos Tar Heels, que para eso era el junior más destacado de su generación en Chapel Hill. Además, estaba bien secundado por el pívot de segundo año Sam Perkins. Sin embargo, las cámaras recogen por primera vez la imagen de un joven desgarbado y delgaducho, llamado Mike Jordan. Los propios comentaristas se hacen eco de los rumores que corren en el estado sobre el potencial de ese chaval, al que comparan con superestrellas de la talla de Walter Davis y David Thompson. Pocos vaticinaban que más tarde se convertiría en el icono mundial de este deporte.
No, no me he vuelto erudito de la biología de la noche a la mañana, ni pienso dar una lección de algo que desconozco. Pero todos hemos visto alguna vez un escarabajo patas arriba, agitando sus extremidades sin conseguir darse la vuelta, incapaz de retomar su camino a menos que ocurra un milagro que le devuelva a su posición de partida. Millones de años de evolución, y no han sido capaces de solventar el problema de su centro de gravedad.
¿Qué tiene que ver esto con el baloncesto? A veces se me ocurren estas paranoias mentales, ya lo sabéis. Intento ver en cuestiones muy simples la respuesta a situaciones más complejas. Si metemos en un saco los 35 puntos de diferencia que Chicago le llevaba ayer a Sacramento en el tercer cuarto del partido del United Center, y lo echamos a la espalda del equipo de Del Negro, cualquier inestabilidad voltea la situación del escarabajo. Centro de gravedad muy desplazado de la zona articulada, desequilibrio de fuerzas y al carajo. ¿No me creéis? Explicadme entonces como puede un equipo dejarse comer la tostada en apenas 20 minutos cuando el marcador es tan aplastante a su favor. ¿Virtud del rival? ¿Sólo? Ni de coña. No hace falta hablar ni de tendencias, inercias, leyes de Newton o pensamiento metafísico. Como escribió Shakespeare en Hamlet, "algo huele a podrido en Dinamarca".
Desgraciadamente para Del Negro, veo su futuro más negro que el escarabajo pelotero.
Como últimamente el blog huele a retro más que unas hombreras y un pelo cardado, cuelgo el vídeo de NBA.com en el que Mike Fratello explica "el robo" de Larry Legend a los Pistons en las Finales de Conferencia del 87.
106-107 para Pistons. Últimos segundos del partido. Balón para Bird. Silencio, habla Mike:
La máxima: Nunca des la espalda al que te pueda soplar el cogote (versión traducida)
Luke Harangody es la cara visible de la Universidad de Notre Dame hoy en día. Su inconmensurable temporada le coloca entre los favoritos para lograr el premio a mejor jugador del año de la NCAA, y aúpa a esta universidad de la pequeña ciudad de South Bend, Indiana, a la categoría de contender por el título en el mes de abril. Corren buenos tiempos para Notre Dame.
Antes de la llegada de Harangody a dicha universidad, los Fighting Irish ya podían presumir de gran abanico de jugadores que habían jugado en la NBA, algunos de los cuales con bastante notoriedad. Adrian Dantley, Kelly Tripucka, Bill Laimbeer, Troy Murphy, John Paxson u Orlando Woolridge, por nombrar unos cuantos, son leyendas vivas de Notre Dame. Y precisamente Woolridge cumple hoy 50 años.
"O" fue un alero alto de 2'06 metros, nacido en Bernice, Louisiana, con extraordinarias aptitudes atléticas. Woolridge completó los cuatro años de graduación en Notre Dame, compartiendo promoción con el bigotudo Kelly Tripucka y con Bill Laimbeer, aunque éste último sólo estuvo en la universidad los dos primeros años. La tripleta F-Irish tuvo un impacto súbito en la NCAA, alcanzando en su primer año la Final Four. En South Bend siempre será recordado un tiro anotado por Woolridge en el último segundo para batir a Virginia, y de paso romper la racha de 28 victorias consecutivas de los Cavaliers del gigante Ralph Sampson.
Su salto a la NBA fue en 1981 de mano de Chicago Bulls, que le seleccionaron en la 6º posición de un draft capitaneado por Mark Aguirre, Isiah Thomas y Buck Williams. Por aquel entonces Chicago poseía una tripleta anotadora muy consistente: Artis Gilmore, Reggie Theus y Dave Greenwood, y la aportación de Woolridge se limitó a escasos 15 minutos y 7 puntos por partido. La salida de Gilmore rumbo a San Antonio le vino bien a Orlando porque fue adquiriendo presencia en minutos y aportación ofensiva, pero el equipo se fue debilitando tanto que en la temporada 83-84 alcanzaron el ridículo balance de 27-55 en liga regular, lo que le valió a la franquicia de Illinois conseguir una posición muy alta (nº3) que supieron rentabilizar muy bien, como todos sabemos, en His Airness.
La llegada de Jordan a Chicago fue un impulso para los Bulls, pero un problema para Woolridge. Si bien sus números seguían mejorando, el extraordinario terremoto deportivo y mediático que acaparaba Jordan relegaba a "O" a un discreto segundo plano. Sus estadísticas ese año ascendieron a los 22.9 puntos y 5.9 rebotes, con porcentajes de tiro de campo superiores al 55%. Al año siguiente MJ sufrió una lesión que le mantuvo en el dique seco 64 partidos, y los Bulls volvieron a resentirse. Decidieron pues tomar parte por Jordan para el giro copernicano de la franquicia, y mandaron a Woolridge a New Jersey.
Los Nets también estaban en horas bajas, porque había perdido 3-0 en primera ronda del año anterior con los Bucks de Sidney Moncrief y Terry Cummings. La llegada de "O" no supuso otra cosa que la continuación en caída libre para el equipo a pesar de los numerazos del alero de Louisiana. Al año siguiente, Orlando suspendió un control de sustancias prohibidas, y fue suspendido tras disputar sólo 19 partidos.
Por aquel entonces sólo había un equipo en el que pudiera rehabilitarse de sus adicciones y de su juego unidimensional, que además necesitaran de esa ayuda desde el banquillo para seguir mostrando su hegemonía en la década, Los Angeles Lakers. Orlando firmó como agente libre con el equipo púrpura para cumplir su función de roll player a la perfección, 20 minutos y casi 10 puntos por partido. El único obstáculo para el anillo fue la incipiente revolución de Bad Boys que nació en Detroit de la mano de Isiah Thomas, Joe Dumars y su ex-compañero en Notre Dame, Bill Laimbeer. Los Pistons barrieron con un 4-0 a Lakers en las finales del 89, en lo que supuso la despedida de Kareem Abdul-Jabbar, y el final de un ciclo exitoso, justo cuando acababa de llegar Woolridge.
El verano del 90 "O" fue traspasado de nuevo a Denver Nuggets a cambio de dos segundas rondas, en una clara intención de deshacerse a toda costa del alero y realizar una limpia masiva. El sistema ultra-ofensivo y ultra-rápido de Paul Westhead en estos Nuggets le vino como anillo al dedo al alero de Louisiana para superar incluso los números de antaño - 25'1 puntos y 6'8 rebotes por partido - no obstante la franquicia de Colorado sólo logró 20 victorias en liga regular, en parte por la lesión en el ojo de Woolridge que le mantuvo apartado casi media temporada. Posteriormente fue traspasado a unos Pistons venidos a menos tras su humillación frente a los Bulls del primer anillo de Jordan (4-0). Allí cumplió expediente de nuevo con aceptables estadísticas, pero Detroit sufría los efectos de la descomposición que tan bien explica Jaime H. Stinami en su blog.
Su paso por Milwaukee y Philadelphia no dejó de ser casi anecdótico. Aterrizó en la Bennetton de Treviso en 1994 y se alzó con la antigua Copa Saporta y la Copa de Italia en un equipo formado por, entre otros, Petar Naumoski, Stefano Rusconi y Ricardo Pittis, a las órdenes de Mike D'Antoni. Al año siguiente se trasladó a Bolonia para conquistar con la Buckler la Supercopa de Italia, siendo nombrado MVP del partido, para derrotar a su ex-equipo.
Sus cualidades físicas limitaban su juego colectivo y sus virtudes técnicas, algo que desgraciadamente estamos demasiado acostumbrados a ver en el baloncesto NBA actual. De todas maneras, no sé si a Woolridge le acompañó la mala suerte en el momento de la elección de sus destinos NBA, porque franquicia a la que iba, dejaba de ganar, y viceversa. ¿Causa o efecto? En angelito en cuestión:
¡Vaya hombre! El narrador se debe estar equivocando. No para de nombrar a alguien llamado Awaya, y yo no veo a nadie con ese nombre. Eso sí, Aguirre se está poniendo las botas... ¡Qué manera de anotar!
Hoy cumple 50 años Mark Aguirre. Para los neófitos, aclarar que Aguirre - o "Awaya" para los que no dominábamos por aquel entonces el idioma de la Pérfida Albión - fue un alero estelar de la década de los 80 y principios de los 90, y ganador de dos anillos de campeón, ambos con los Detroit Pistons del desaparecido de Chuck Daly, los archiconocidos Bad Boys.
Los primeros pasos de Aguirre en el baloncesto fueron en el instituto George Westinghouse, hasta que dio el salto a la universidad de DePaul. Como Blue Demon se consagró como el mejor anotador de la historia de dicha universidad, y revolucionó inmediatamente a DePaul para auparles a su primera Final Four en la temporada 1979-80, donde fueron derrotados por Indiana State de un tal Larry Bird. Sus temporadas posteriores en la NCAA no fueron menos gloriosas, pero poco a poco se iba ganando una mala reputación por su juego egocéntrico y chuponcete, más digno de los estereotipos actuales que de la dignificación del baloncesto universitario por excelencia, y más en aquella época. No obstante, se alzó con el premio James Naismith y el trofeo Oscar Robertson al año siguiente, y dos años más tarde con el Jugador del Año de la NCAA, a pesar de actuaciones controvertidas en las eliminatorias de postemporada.
El año 1981 fue el de su llegada a la NBA. Destino Dallas Mavericks, una franquicia en vías de recuperación, pero que basaba su nuevo proyecto de reconstrucción alrededor de dos jóvenes seleccionados ese mismo año. El primero es el personaje que nos atañe (nº 1 del draft del 81), y el segundo Rolando Blackman (nº 9 del mismo draft). Las lesiones sólo dejaron a Aguirre disputar 51 partidos ese curso baloncestístico, pero se fue a los 18'7 puntos y 4'9 rebotes por partido.
Su primera clasificación para playoffs llegó en la 83-84, la mejor temporada estadística de Aguirre, promediando 29'5 puntos y 5'9 rebotes. En postemporada eliminaron a Seattle Sonics por 3-2, pero fueron barridos en la ronda siguiente por LA Lakers por 4-1. Sin embargo, la hegemonía de los Blazers y los Lakers aquellos años en la Conferencia Oeste mantuvo a Mark alejado de finales de conferencia hasta mucho tiempo después. Tuvieron que esperar hasta la llegada de otro grupo de jóvenes talentos como Detlef Schrempf y Derek Harper para mejorar su rendimiento en defensa y ser competitivos para llegar a las finales de conferencia. Este hecho ocurrió finalmente en la 87-88, aunque nuevamente Los Angeles Lakers de la era Showtime se cruzaron en su camino. 4-3 para los de Riley, que a posteriori se llevaron el título.
Con su traspaso a Detroit llegó el ansiado anillo, y por partida doble. El seno de los Bad Boys estaba formado, y faltaba el toque final que apuntalara una plantilla de excepción, basada en una agresividad defensiva inaudita. Los Isiah Thomas, Bill Laimbeer, Joe Dumars y compañía acababan de encontrar la solución a sus carencias de banquillo con un jugador que estaba acostumbrado a ser titular y marcar diferencias como Aguirre, y éste aceptó de buen grado. La conclusión, un back-to-back para el recuerdo, frente a Lakers y a Blazers, los dos grandes cocos de Aguirre en años anteriores con Dallas.
Posteriormente, los Pistons cayeron víctimas de los Bulls de Michael Jordan en las finales de conferencia, y de los Knicks de Pat Ewing al año siguiente en primera ronda, premonitorio de lo que más tarde les ocurriría. La no clasificación para playoffs en la 92-93 supuso el fin de un proyecto, y el despido de Aguirre de la afición de Detroit. Tras un fugaz paso por Los Angeles Clippers, donde jugó 39 partidos, Aguirre colgó las botas al finalizar la temporada 93-94.
Díscolo, regordete, particular, controvertido, genio, las señas de identidad de Mark Aguirre durante toda su carrera. Un tipo que sacó máximo partido de sus virtudes, a pesar de las limitaciones físicas de su propia corpulencia y su corta estatura para la posición de alero. Entre su palmarés destaca:
Máximo anotador de la historia de la Universidad de DePaul
Equipo Olímpico de Estados Unidos en los JJ.OO. Moscú 1980
Jugador del Año en la NCAA (1981)
Número 1 del draft de 1981
Segundo máximo anotador de la NBA Temporada 83-84
3 veces All-Star de la NBA (1984, 1987, 1988)
2 veces campeón de la NBA con Detroit Pistons (1989,1990)
Tercer máximo anotador en la historia de Dallas Mavericks (tras Dirk Nowitzki y Rolando Blackman)
Partido favorable a Dallas frente a Philadelphia por 104-102. Resta 1 segundo con 4 décimas.
Menos mal que el rumor que le situaba en Sacramento no cuajó. Tiene delito la cosa. La cara que se le queda a Iguodala es la de "tortearía a Dalembert hasta la ducha cuanto menos".