... de convertirse en el peor equipo de la historia de la NBA. Con la victoria de ayer frente a San Antonio Spurs - menudo rival para acometer la "gesta" - se colocan con 10, frente a las 9 que tenían los Philadelphia 76ers de la temporada 72-73.
Dicen que al mal tiempo, buena cara, y en New Jersey deben estar aplicándose el cuento porque han celebrado esta décima victoria de la temporada por todo lo alto. Más que por este dato, si yo fuese Prokhorov estaría más entusiasmo por poder construir un equipo alrededor de unas cuentas saneadas y un grupo jugadores jóvenes, con potencial y sobre todo con salida. Dividir por 3 prácticamente el total de salarios para el año que viene no es moco de pavo, sobre todo con el verano que nos espera.
Hoy por hoy hay una cosa clara: la reconstrucción debe forjarse entorno a Brook Lopez. El gemelísimo demostra las cualidades que se le requieren a un center titular, y tiene aún margen de mejora. Después de él, Devin Harris es un base algo sobrepagado, pero sabe anotar - me quedan dudas con su dirección de juego - junto con Terrance Williams, Courtney Lee y Chris Douglas Roberts son decentes jugadores de rotación. Del chino tengo más dudas. Demasiados huecos por cubrir, demasiado trabajo por realizar. El adjetivo mesiánico se le puede quedar corto a Prokhorov, aunque ellos lo tienen claro: The Russian is coming.
Luke Harangody es la cara visible de la Universidad de Notre Dame hoy en día. Su inconmensurable temporada le coloca entre los favoritos para lograr el premio a mejor jugador del año de la NCAA, y aúpa a esta universidad de la pequeña ciudad de South Bend, Indiana, a la categoría de contender por el título en el mes de abril. Corren buenos tiempos para Notre Dame.
Antes de la llegada de Harangody a dicha universidad, los Fighting Irish ya podían presumir de gran abanico de jugadores que habían jugado en la NBA, algunos de los cuales con bastante notoriedad. Adrian Dantley, Kelly Tripucka, Bill Laimbeer, Troy Murphy, John Paxson u Orlando Woolridge, por nombrar unos cuantos, son leyendas vivas de Notre Dame. Y precisamente Woolridge cumple hoy 50 años.
"O" fue un alero alto de 2'06 metros, nacido en Bernice, Louisiana, con extraordinarias aptitudes atléticas. Woolridge completó los cuatro años de graduación en Notre Dame, compartiendo promoción con el bigotudo Kelly Tripucka y con Bill Laimbeer, aunque éste último sólo estuvo en la universidad los dos primeros años. La tripleta F-Irish tuvo un impacto súbito en la NCAA, alcanzando en su primer año la Final Four. En South Bend siempre será recordado un tiro anotado por Woolridge en el último segundo para batir a Virginia, y de paso romper la racha de 28 victorias consecutivas de los Cavaliers del gigante Ralph Sampson.
Su salto a la NBA fue en 1981 de mano de Chicago Bulls, que le seleccionaron en la 6º posición de un draft capitaneado por Mark Aguirre, Isiah Thomas y Buck Williams. Por aquel entonces Chicago poseía una tripleta anotadora muy consistente: Artis Gilmore, Reggie Theus y Dave Greenwood, y la aportación de Woolridge se limitó a escasos 15 minutos y 7 puntos por partido. La salida de Gilmore rumbo a San Antonio le vino bien a Orlando porque fue adquiriendo presencia en minutos y aportación ofensiva, pero el equipo se fue debilitando tanto que en la temporada 83-84 alcanzaron el ridículo balance de 27-55 en liga regular, lo que le valió a la franquicia de Illinois conseguir una posición muy alta (nº3) que supieron rentabilizar muy bien, como todos sabemos, en His Airness.
La llegada de Jordan a Chicago fue un impulso para los Bulls, pero un problema para Woolridge. Si bien sus números seguían mejorando, el extraordinario terremoto deportivo y mediático que acaparaba Jordan relegaba a "O" a un discreto segundo plano. Sus estadísticas ese año ascendieron a los 22.9 puntos y 5.9 rebotes, con porcentajes de tiro de campo superiores al 55%. Al año siguiente MJ sufrió una lesión que le mantuvo en el dique seco 64 partidos, y los Bulls volvieron a resentirse. Decidieron pues tomar parte por Jordan para el giro copernicano de la franquicia, y mandaron a Woolridge a New Jersey.
Los Nets también estaban en horas bajas, porque había perdido 3-0 en primera ronda del año anterior con los Bucks de Sidney Moncrief y Terry Cummings. La llegada de "O" no supuso otra cosa que la continuación en caída libre para el equipo a pesar de los numerazos del alero de Louisiana. Al año siguiente, Orlando suspendió un control de sustancias prohibidas, y fue suspendido tras disputar sólo 19 partidos.
Por aquel entonces sólo había un equipo en el que pudiera rehabilitarse de sus adicciones y de su juego unidimensional, que además necesitaran de esa ayuda desde el banquillo para seguir mostrando su hegemonía en la década, Los Angeles Lakers. Orlando firmó como agente libre con el equipo púrpura para cumplir su función de roll player a la perfección, 20 minutos y casi 10 puntos por partido. El único obstáculo para el anillo fue la incipiente revolución de Bad Boys que nació en Detroit de la mano de Isiah Thomas, Joe Dumars y su ex-compañero en Notre Dame, Bill Laimbeer. Los Pistons barrieron con un 4-0 a Lakers en las finales del 89, en lo que supuso la despedida de Kareem Abdul-Jabbar, y el final de un ciclo exitoso, justo cuando acababa de llegar Woolridge.
El verano del 90 "O" fue traspasado de nuevo a Denver Nuggets a cambio de dos segundas rondas, en una clara intención de deshacerse a toda costa del alero y realizar una limpia masiva. El sistema ultra-ofensivo y ultra-rápido de Paul Westhead en estos Nuggets le vino como anillo al dedo al alero de Louisiana para superar incluso los números de antaño - 25'1 puntos y 6'8 rebotes por partido - no obstante la franquicia de Colorado sólo logró 20 victorias en liga regular, en parte por la lesión en el ojo de Woolridge que le mantuvo apartado casi media temporada. Posteriormente fue traspasado a unos Pistons venidos a menos tras su humillación frente a los Bulls del primer anillo de Jordan (4-0). Allí cumplió expediente de nuevo con aceptables estadísticas, pero Detroit sufría los efectos de la descomposición que tan bien explica Jaime H. Stinami en su blog.
Su paso por Milwaukee y Philadelphia no dejó de ser casi anecdótico. Aterrizó en la Bennetton de Treviso en 1994 y se alzó con la antigua Copa Saporta y la Copa de Italia en un equipo formado por, entre otros, Petar Naumoski, Stefano Rusconi y Ricardo Pittis, a las órdenes de Mike D'Antoni. Al año siguiente se trasladó a Bolonia para conquistar con la Buckler la Supercopa de Italia, siendo nombrado MVP del partido, para derrotar a su ex-equipo.
Sus cualidades físicas limitaban su juego colectivo y sus virtudes técnicas, algo que desgraciadamente estamos demasiado acostumbrados a ver en el baloncesto NBA actual. De todas maneras, no sé si a Woolridge le acompañó la mala suerte en el momento de la elección de sus destinos NBA, porque franquicia a la que iba, dejaba de ganar, y viceversa. ¿Causa o efecto? En angelito en cuestión:
No me convence. Siempre se tensa y se rompe la cuerda por el filamento más débil, el entrenador, cuando lleva años comprobando que es un técnico de plena confianza. El despido de Byron Scott abrió de nuevo la veda de caza de entrenadores en entredicho, véase Lawrence Frank, y pueden seguir rodando cabezas, véase Jay Triano (Raptors), o los otrora entrenadorísimos Mike D'Antoni (Knicks) y Flip Saunders (Wizards).
Es obvio que cuando un equipo comienza un campeonato tan exigente como la NBA con un balance tan negativo como los Nets este año - 0 de 17 - existe un componente psicológico indisociable de la calidad técnica de los jugadores. Es decir: pueden ser no muy buenos, pero hay algo que los hace aún peores. En este caso de hecho, no creo que cumplan siquiera la primera premisa. El abanico de jóvenes talentos que acaparan los Nets tras su reestructuración post-tripleta de lujo (Kidd, Carter, Jefferson) es interesante. Brook Lopez, Devin Harris o Courtney Lee no me parecen en absoluto jugadores desdeñables. En cierto modo me recuerdan al síndrome Grizzly de la etapa de Pau Gasol. Individualmente muy buenos - Jason Williams, Mike Miller, Rudy Gay, el propio Pau Gasol - pero no encuentran en el oficio colectivo su modus vivendi. ¿Traspaso a la vista? Bienvenido sea. Seguro que vaya a donde vaya, obtendré mayor respeto y mejores resultados.
¿Lesiones? Haberlas haylas, pero para eso se diseña una plantilla de 15 jugadores. ¿Pretenden hacernos creer que sólo hay 5 tipos competitivos y los demás van de comparsa? En otra ocasión, oiga. Y si fuera así, también fallo suyo, por no aprender de los que realmente saben jugar en equipo. Equipo? What's that? Are you kidding me? Y tanto que te kido, por no aprender, muchacho.
Eso sí. Nadie repara en el hecho de que una plantilla de nivel profesional está confeccionada por el GM en primera instancia, figura intocable del baloncesto NBA - hasta que el vaso de la paciencia del presidente se colma, que suele ser tras un par o tres años desastrosos - y que tan en entredicho queda de cara al aficionado. Desde luego, si en España hay 40 millones de entrenadores, en EEUU habrá sus 300 millones, millón arriba millón abajo, con sus consiguientes juegos de plantillas, traspasos, apaños económicos y fiestas de guardar. Menudo galimatías. Alguien tiene que pararse a pensar, ¿no? ¿Siempre falla el técnico? ¿Quién juzga al juez?
No, no existen varitas mágicas, y el sustituto de Frank, Tom Barrise, hará lo que pueda, pero a estas alturas no existen los milagros. Derrota frente a Lakers, y arreando que es gerundio. Me duele por los Nets, que me caen de cine, y por un amigo aficionado de New Jersey - ¡saludos, Endika! - y ¿por qué no decirlo? Porque la banda Bon Jovi es de allí... ¡Toma cuña musical!
Os dejo un tema dedicado a estos Nets, que ahora lo necesitan:
Oklahoma City Thunder está a punto de confirmar la vuelta del serbio Nenad Krstic a la NBA. Tan pronto como New Jersey Nets reniegue por sus derechos por el jugador, Krstic será un Thunder para los próximos años. Fuentes cercanas a la directiva de los Nets afirman que desde New Jersey no se tiene ninguna intención de igualar la offer sheet procedente de Oklahoma, y por tanto, el serbio tendría luz verde para formar parte de la franquicia de reciente formación.
La llegada de Krstic y el probable traspaso de Joe Smith deja a los Thunder con un juego interior más interesante. Los eternos jóvenes que llegaron a los Sonics en su día tendrán mucha mayor competencia en la pintura. Swift, Petro y Sene podrán mirarse en el espejo de un Krstic que tiene mucho más caché en Estados Unidos que en Europa.
El camino de retorno abierto por Krstic deja algún atisbo para la misma operación para otros jugadores que emigraron este verano. Desde hace algún tiempo viene sonando la opción de Jannero Pargo para los Knicks, y a buen seguro Bostjan Nachbar no vería con malos ojos una nueva experiencia americana. La crisis económica mundial parece estar afectando sobremanera a los clubes rusos, y son los primeros que están dejando marchar a sus jugadores - el CSKA femenino ha desaparecido y el Azovmash Mariupol masculino está en pleno desmantelamiento - por lo que tales retornos son más que posibles.
Hace unos días incluso saltó la noticia por la que Mike D'Antoni podría estar interesado en contar con el veterano español Jorge Garbajosa en sus filas. A decir verdad, no veo del todo como podría adaptarse un Garbajosa mucho más mermado que antes al esquema ultraofensivo y ultrarápido de los rebautizados Knicks, pero tampoco me desagrada la idea de ver de nuevo al de Torrejón visitiendo un jersey NBA, y si es el de los Knicks, todavía mejor. Vale, sólo es una utopía, pero... ¿estaría bien, verdad?